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EL PASILLO

Buena noche, durante la semana pasada el departamento de orientación hizo una intervención en 1º de la ESO y cómo resultado nos ha quedado este bonito texto, elegido entre 32, desde aquí felicitar a sus autoras por saber interpretar y cambiar una situación negativa en una positiva y simpática.

                                       EL PASILLO

Era un frío y nublado 23 de noviembre. En el reloj de la plaza mareaban las ocho en punto de la mañana. En la ciudad de Madrid ya había amanecido y los niños se dirigían al instituto.

La clase de 1º de ESO, muy aburrida donde nunca ocurría nada excepcional, sin conflictos, sin problemas, todos los alumnos eran perfectos, listos, estudiosos, repeinados y muy finolis.  Pero un día  Marcelito con su tufo de punta y Pedrito con sus gafotas tuvieron una genial idea: “Jugar al pasillo”. A la hora  del recreo, todos bajaron con sus meriendas al patio y otros se fueron a jugar.

Celia, empezó por todo el patio gastándole bromas a cualquiera que se le cruzaba. Muchos niños no se lo tomaban a mal, y se unían a ella para seguir bromeando.

Entonces, le llegó el turno a Marta, Celia le puso el pie por medio y ella cayó al suelo. Marta enfurecida por su mal día, sin pensarlo, empezó a golpear a Celia con mucha fuerza, y así sucesivamente.

En el patio se armó una revolución. Era imposible separarlas. Un par de compañeros las separaron, mientras otro llamó al profesor. Cuando este llegó, la cosa estaba menos revolucionada. Él las encontró a las dos llorando tristemente y con rasguños en la cara y los brazos.

Las dos tuvieron una charla con el orientador, que les implantó un castigo y una terapia para que volvieran a ser amigas.

El castigo consistía en formar un gran pasillo entre unos cuantos compañeros, y todo el que pasaba hacía ver que estaba en una pasarela de moda, cada uno se reformó su vestuario rápidamente: la chaqueta se la puso de falda uno, la cartera de sombrero otro, andando de puntillas como si tuviera tacones Juanita, Andresito se dobló los pantalones hasta las rodillas… todos empezaron a aplaudir fuerte y a silbar, y se formó tal alboroto que cuando llegaron los profesores no daban crédito asombrados por tanto revuelo, así que no tuvieron más remedio que atravesar el pasillo, haciendo gala de su vestuario y con andares de grandes modelos, contoneándose de un lado a otro. La ovación fue enorme en todo el colegio  se oían los gritos y aplausos, y prepararon un gran pasillo al que se agregaron el resto de profesores y alumnos de todo el centro.

Celia aprendió que no se puede gastar bromas a la gente de esa manera. Y Marta aprendió  que uno no puede reaccionar así de bruscamente, sino evitar un disgusto.

Finalmente hicieron las paces y todo se arregló, y aprendieron a respetar a los demás y a no generar violencia.

 

     Luisa Mª Benítez Cejas y Judit Mª Ortiz León.

Rafa Luque Cruz

 

16/11/2010 22:13 Rafa #. EDUCACIÓN

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